viernes, enero 18, 2008

La pirueta imprecisa.

Lo intenté tantas veces en el mismo sueño que casi me alegró despertarme. Después de tanto giro en el aire de tanta ingravidez, las manos dormidas como de otro, digo entonces, que mi alegría tomó otra forma, pienso aproximadamente, algo de saudade y preocupación que me dejara caer porfin en todas las próximas ocasiones. Ahí estaba el trampolín susurrando un último pulso, la superficie del agua plana y aburrida, mi delgado grito escondido entre las muelas y aquella decisión girándome las espaldas, el tronco entero, toda mi vida en sus columnas de palacio de nadie.
Palacio de Deportes ayer por la noche, un sueño.

El vértigo es inicial pero acabo acostumbrándome hasta dejar de sentirlo, la rareza de haber pasado por el mismo pánico dos curvas atrás o por el mismo miedo en el cambio de rasante. El vértigo se guarda por ahora en un lugar con naftalina, ya no tengo que encargarme de nada.
Vuelvo a pisar el freno psicológico y a vigilar de reojo el pestillo de la puerta del copiloto.