martes, septiembre 25, 2007

A menos de un milímetro estoy de las cosas que me pasan. Me he puesto guantes y aunque el gesto y la intención es la misma, el logro es mínimo, sabe a poco. Me falta el frío cuando paso las manos por debajo del chorro de agua, falta la corriente de aire y adivinar el cuarto que da portazos, falta la erosión de la herramienta y el juicio apostado a todo o nada. El insecto que poco tiene que ver conmigo y que no puede rebañar las gotas del sudor que intuye porque debajo del látex hay sudor y miedo y falta de muchas cosas. En la superficie un mapa, un mapa hecho de poro y aire y arruga y final con dobladillo.
Sigo repasando las carencias en las caricias, todo es un juego un trabadedos que practico mientras martilleo las teclas, y ya no siento esos pequeños abismos entre letras que alguna vez precipitaron la falta y la ortografía.
Faltan cinco minutos para que mi pelo sea rojo.