jueves, agosto 24, 2006

Des compras.


El ruido de los objetos me va marcando las distancias del silencio.
Hay demasiadas cosas rotas y abandonadas en los centros comerciales.
La venganza se sirve a principios de mes y los rescoldos brillan hasta las mismísimas rebajas y da pena devolver los abrigos, dañados por maltrato, a sus percheros impasibles donde giran esperando la resignación de la última talla, del último capricho, del último despiste y pérdida de ticket.

Ásperas siempre las cortinas de los probadores, desbisagradas las puertas en su caso,
y yo, pensando en el ruido ambiental que permite sentar mi silencio pequeño en ese banquito minúsculo donde sólo hay sitio para las perchas, mientras, contemplo la herida de un descosido inexplicable.