Ellos son el futuro
Y lo saben desde sus calcetines con volantes y se reafirman desde sus columpios acolchados cuando contemplan un mundo adulto que empiezan a entender y que reclaman a su escala. Es una generación que entienden de idiomas extraños como el esperanto/pokémon y memorizan a la perfección cien clases de chucherías que yo, sólo acierto a identificarlas por colores o tamaños y, si me apuran, por múltiplos de cinco céntimos.
Sus fiestas de cumpleaños cada vez requieren de más intermediarios, sus fiestas de disfraces tienen manufactura de hasta 3 familiares trabajando a destajo.
Algunos tienen luces en las zapatillas que se recargan con hiperactividad y otros no conocen el vinagre antipiojos y sí las mascarillas de kiwi para el pelo.
La nostalgia está en peligro de extinción y empieza a no quedar felicidad infantil que no se nos muestre desenfocada y al margen.
Antes, a los culpables se les ponía un rectángulo negro, ahora a los inocentes unos cuantos píxeles de aumento.