Madurez de una intransigencia.
Se me nota, cuando doblo los paños de cocina con una exactitud de coordenadas,
cuando dedico el tiempo en agrupar las pinturas por colores y a su vez por gamas y a su vez por largos o anchos y les saco punta.(Como a todo).
Se me nota cuando voy confeccionado murallas chinas con las migas de pan sobre la mesa y jeroglíficos con las iniciales de tu nombre para que nadie te descubra.
Cuando agarro la mano de los niños y me dejo un dedo fuera del acuerdo o cuando saco a relucir mi sonrisa de espejo sin apetencia en la charcutería.
Se me nota, con afán clinclin de remover dos líquidos con cucharita, esa inercia mía de lavadora que a veces me centrifuga demasiado o me cambia ideas por calcetines sin pareja.
Se me nota esta notadura que yo disimulo con falta de aire y talla y decido al final, mirar la nube sólo cuando esta tenga la forma que ya he pensado.