Patrimonio de la humanidad.
Las orejas del porrero que hacen de archivador del turno, el papelillo y la boquilla del cigarro.
La goma elástica que sujeta la cartera y el bonobús del jubilado.
La bolsa de viaje de Meliá Viajes donde la abuela guarda los patines de su nieta, sin hacerle ascos al logotipo y la promoción.
El envase de media docena de huevos que va y vuelve de la tienda-granja al por mayor todos los jueves.
El papel de aluminio que reincide en bocadillos y otras mandarinas.
La esponja siemprehúmeda de color naranja que espera en el mostrador del estanco a algún currículum de "loquesea" (ya sólo queda saliva para las cartas de amor).
La canción del casette que siempre se queda en la guantera del coche aguantando temporales de frío y olvido hasta que alguna curva se acuerde de ella.
La quiniela de los helados de la tienda de chucherías, que empata a cierre de existencias y "tampoco hay".