miércoles, julio 09, 2003

Rabiosas costumbres

Rabiosas costumbres.


Da rabia terminar los libros como terminar la vida. Una se acostumbra demasiado al episodio, a la fiesta de reencuentro colegial, al cruzarte a por el pan y mira cuánto tiempo y ya no vivo aquí y lo sé.
Una se acostumbra a que la sangre sea de ketchup y que a los protagonistas no los maten hasta el final (de acuerdo con el caché establecido: más dinero=más vida) e incluso a una resurrección de vez en cuando, una se acostumbra, como esos viejos grupos de música que antes de renunciar a la piscina del chalet, se reúnen para tirarse en ella de cabeza.
Da rabia que aún cubra.

Da rabia con lo que cuesta memorizar los nombres, sobretodo los propios, que el libro se acabe porque el escritor o escritora decide que tiene que irse de vacaciones o que se le echa encima los días de feria y esguince cubital a la solana. Que no llegamos, que no llegamos.
Con lo que cuesta describir una mentira, la de pelos y señales que se invierten en ese ahínco.
Da rabia, como digo, terminar de leer un libro y no saber cual otro elegir, porque tienes encima una rabia...