No quería tararear en público ni un gesto, quedé en las escaleras que daban al escenario y allí las luces apagadas se veían más inofensivas que nunca. Pensaba en recopilar papeles de diferentes texturas, hacer un muestrario al tacto y al mismo tiempo avanzaba en el dial de la radio por si encontraba algo sin letra, es decir, algo sin voz.
Ha sido el instante más frágil que he tenido hoy, justo cuando en el límite de la almohada he cerciorado mi cama sin ti y la verdad, tampoco ha sido un drama.