Dejé en la biblioteca el ruido de mis pasos. Sé que no debí abandonarlos allí, un lugar tan cruel para el ruido, pero ya no sabía qué hacer con ellos y se me ocurrió que en cuanto sonara el piiip detector de libros ilegales, aprovecharía para dejar el ruido de mis pasos donde el tablón de anuncios y así, huir de la manera más silenciosa y ligera que se me otorgara.
Ahora he llegado a casa y tengo un libro que trata sobre fórmulas para soportes, imprimaciones y otras adherencias. Inauguro el embarazo del edredón descalza y con los ojos entornados.
La felicidad tiene que ser algo así como ésto. Mientras tú no vienes, me basta así.
martes, marzo 11, 2003
Tres deseos para una isla
Hay algo que vengo exigiendo últimamente, lo ruego en letra pequeña, lo suplico en cursiva muy humildemente suya...y bla bla.
Me refiero al entusiasmo, hablo de él como si fuera un dinosaurio, no por antiguo sino por extinguido, tarareo un "recuerdas?" de musiquilla al fondo, y hablo y retuerzo la manecilla de la misma cantinela y la misma vuelta y hablo y no llego a ningún lado y hasta la bailarina de plástico se harta de mí y se cruza de brazos.
Alllá por donde voy y por donde coincido me reconozco peligrosa al final del debate, igual dañina y empiezo a saberlo y a estorbarme por ello, pero yo no quiero la breve maleta donde meter una vida que se resuma en tres deseos para una isla desierta.
que alguien me escriba un cuento sólo para esta noche
Publicadas por urahdal a la/s 1:47 a. m.