jueves, febrero 27, 2003

Pk

Me gusta dejar la mirada en los quitamiedos de la carretera. Me cuelgo del empeñado paralelismo hasta llegar a la ciudad, hasta que cualquier paso de cebra me priva de seguir disfrutando de la continuidad y el acero.
Tal vez porque me siento bien haciendo eso, pienso en los operarios que se encargan de atornillar mi comodidad de ventanilla y autocar. Los imagino armados y reflectantes.
Hoy en día Juan Sin Miedo no se preocuparía de medir el suelo y mucho menos se dedicaría a reponer ese horizonte gris e inoxidable, sabiendo a expensas lo ridículo que resulta el intento, cuando flores de plástico crecen en las cunetas y otros arcenes, y cruces de hierro oxidadas destacan encima de mojones de granito y otros pk.

Yo en cambio
Tengo una habitación vacía. Con los libros amontonados en un viejo librero (siempre los libros se van amontonando donde vivo) y la habitación tiene una cara y un nombre, pero aun yo no la conozco ni lo he nombrado.