El interés de Eloisa
Hacía una adolescencia que no me fijaba en el detalle, intuía sin embargo, que un día de estos me provocaría uno de sus vuelcos de ¡hala! y ¡toma ya!. Por encima de la lavanda, y a la izquierda de mi taza de café, delataron su estrategia las yemas más rezagadas. El encuentro de estas ocasiones blancas se había producido justo cuando las bufandas aún se tejen de necesidad. Y así fue: Eloisa sin dudas antes de marzo y los almendros provocándome las primaveras.