De nada sirve que te acerques si no piensas tocarme.
Evito mi reflejo, mi reconocimiento, mi aplauso inoportuno, quedo en el abrazo por la cintura y el tirón de pelos incondicional. Estoy en las canciones que dejo sin motivo, sobre una mesa llena de dibujos, vuelvo al vértigo de adivinarme, me rozo. Al otro lado de la cama también estoy yo.
Cada vez soy más táctil.