Voy a reventar si no dejo esto aquí.
La medusa desobediente que crispó la ola y el instante,
cuestionándome el origen y las vértebras al vacío,
dejándome sin palabras para el parque oscuro y el paseo,
subastó las farolas para la pérdida y apagó toda
la deformidad de mi costumbre que en algún poema ya dije.
La medusa que tirita en mi garganta tu salada ausencia,
con mi inestimable partida y parte en su latido
el mar en dos y nosotros dos partidos, idos, dos.