Balada para cuarteto de cajón, guitarra, flauta y observancia.
El ritmo de los huesos más drásticos golpean las esquinas de un cajón sin hacer daño.
A su lado una mirada paralela acompaña al metálico reflejo de una boca a medio hacer, que hace juego con unos dedos medio deshechos.
La guitarra se cobija en el país que va desde la mandíbula a las piernas y golpea el pecho algunas veces.
Al final, cada cual descansó su sonoridad en huellas de poliamida y lycra, mientras los otros, festejaron sus bocas y manos, sobre vidrios JB o cinturas sin hielo, por favor.