Pasadas
Carga con toda su furia la fábrica de cemento, embadurna, el dial de la radio te supone a salvo.
Los libros en oferta, sucios, sueltan aullidos de mascotas y se golpean contra las paredes de la estantería, levantan, el aire suficiente para que su precio se otorgue fosforito y sin peros.
Marca páginas hechos con billetes de autobús y no encuentro nuestra casa detrás de esas ventanas, y me da pena haberme perdido de esta forma.
Este jesusito sietemesino y caprichoso que se pide y se despide en cada pesebre de broma en cada risa de veras, me ofrece, el sindeseo que rima contigo.
Me ateo una vez más.