Arrivals/Departures
Así los mostraban, mediante una pantalla de televisión colgada del techo en letra azul celeste y mayúscula, con fondo blanco y ritmo alterno, las dos hojas de fallecidos que reposaban en las salas del tanatorio de la ciudad. Fernando Ramírez sala 37.Algunos no habían llegado otros partirían la día siguiente.
Había dos claveles en el suelo que nadie recogió, los recovecos de la escalera sostenían algo de mugre redondeando las esquinas de mármol resbaladizo y blanco, supuse que al servicio de limpieza no le haría mucha gracia insistir con la lejía ni con el tiempo. Todo el mundo andaba despacio y hablaba bajito, la sonrisa era un lujo exagerado y necesario que algunos practicaban conjugando pretéritos a propósito del piloto.
Así, como aviones con un sólo tripulante, se iban yendo los coches fúnebres cedidos en pasos y tolerados en semáforos de ámbar.
Hoy en día tienen que existir sitios así, ya nadie nace ni muere en las casa, el salón es lugar de reuniones, el cuarto de los chicos es paraíso de desastre, la entrada paisaje de llaves y el dormitorio tacto y calor.
Cuando bajé a la segunda planta del tanatorio, al lavabo y cerré la puerta, salvé navajas, llaves, objetos punzantes, habían tallado todas las palabras relacionadas con el amor en el dorso de la puerta marrón oscuro, destacando y sin tachar, frases en segunda persona como nunca.
Te amo, no te olvidaremos, te querré, siempre, Diego.
Pude imaginarme la antítesis del paritorio y preguntarme si en la sala de espera de maternidad tendrían una televisión colgada del techo con las mismas intenciones de arrivals y bienvenidas subrayadas en las paredes.