martes, enero 21, 2003

Esta impresión de enormidad es privativa de América; se la experimenta por todas partes, tanto en las ciudades como en la campaña;

Levis Strauss tiene razón. Las maravillas europeas son los pequeños detalles, las esculturas de las fachadas de las iglesias, los paisajes que te recogen y te protegen. En cambio en América dominan las grandes dimensiones, altiplanos que pierden a la vista, cataratas blanquecinas como el velo de un gigante. Y también cuidades como Nueva York, México, Río. Cordilleras como los Andes, desiertos como Atacama, depresiones como el Gran Cañon, golfos como el de México. Todo es a lo grande. El vacío en el estomago, la vista que no logra aferrarse, es la presencia impalpable.

Ambos mundos tienen sus maravillas, su disfrute, su gloria. Es imprescindible conocer uno para disfrutar el otro.