lunes, febrero 18, 2008



La muñeca quedó así, satisfecha, como buena descosida.
A pesar de su garganta en el filo, del roce de las tijeras (siempre tan cerca) de las puntadas precisas y calculadoras, de la exactitud del ojal y el botón (o viceversa).A pesar de la longitud de sus piernas inestables y desde sus zapatos siempre a estrenar que nunca le mantendrán en pie. A pesar también del relleno de la circunstancia y del cardado del moño, quedó tan satisfecha de sí misma que cuando se acabó todo, no necesitó ni mirarse al espejo, cerró sus ojos de rotulador indeleble y empezó a mullirse de orgullo sobre la almohada.