Intenté Cortázar.
Lo intenté de veras, como el no despertar de algunos sueños donde sueño que me quieren incondicionalmente u otros donde encuentro tesoros justo antes de sonar el despertador y consigo llevarme algunas monedas de valor incalculable, antiguas pero brillantes. Y mi mano tiene la posición exacta del hueco y la fortuna, pero está dormida, igual sigue soñando con el metal pero yo despierto y no tengo nada de lo que sueño.
Por eso intenté Cortázar por eso, confieso, que ya no lo tengo.