Llegada de tijeras.
Envasada al vacío, la podredumbre, no sabía a dónde ir. Llegó estupefacta al borde del envase y allí, después de haber devorado el pequeño producto, se cruzó de brazos y a esperar.
Yo, que observaba por la ventanilla que liberó la publicidad, miré la fecha.- Chata, pues no te queda nada-.