domingo, julio 11, 2004

Maravillome

Que llegaba del mar, no de las peceras,dijo. Ahí descansando en la campiña de hielo bien picado, el bogavante hecho de lapislázuli, nos miraba con asombro mientras decodificaba un algo sobre venta y con arroz. Era sábado, llevaba tres días sin medusas, pobre mira qué bonito, ¡y está vivo!.
Ella lo agarró con sabiduría de pellizco y dándole la vuelta, panza arriba, empezó a rascarle en las intersecciones blandas del caparazón.
El bogavante empezó a sentirse mejor, tanto que quedó dormido en sus manos.

Maravillome.