lunes, mayo 03, 2004

Picos

La mirada a punto, grande y exacta quedó en la muerte del polluelo sin ver nada, ya nunca.

Sin ritmos elásticos delatores no sé, qué hubiera podido hacer por él, salvo rendirle la oportunidad de morirse otra vez y en otro sitio, en mis manos, por ejemplo.

Hay algo que no se oxida, que tarda en descomponerse, una pluma después de haber volado, permanece más allá de las letras.

Va a ser que el cielo inmortaliza de veras.

Lástima de la desnudez que no llegará a mañana.