miércoles, enero 07, 2004

Azucardientes

Rasqué los geométricos rastros de todo un año. Adheridos a las ventanillas del coche, simulaban vistas aéreas y los dedos quebrados de frío, rascaban, creando abismos por donde pasar los ojos. Para conducir, para llegar a algún lado.

Como quien pisa mil veces en la misma huella, ese sonido a llanto de nieve, hundida, irremediablemente. Crich crich y se acaba. Me gusta ese sonido sobre todo cuando estoy a salvo de sus metáforas.

Es como ver el frío a través de los cristales del coche y sentir que el abismo está de nuestro lado.