Mazda 220/230
Es imposible el auxilio. Vibra el universo acristalado y una desesperación tintinea contra las paredes.
Queda el esfuerzo de brazos abiertos como si se hubiera detenido al instante: la extorsión, el límite de la belleza o la culpa de tantos días. Lo que antes adornaba las esquinas de los cuadros de Veermer, ahora parece que agoniza con la descompuesta quijada de los caballos de Picasso.
Sobretodo cuando observa cómo el delicado rizo apagado y frío se desliza y baila con su muerte arriba y abajo, allá por las tangencias que no le serán posibles sin pagar el más alto precio: La fragilidad.
Qué cerca, qué lejos.