Queda
Dejan de ser lienzos de temporada, aquellas esquinas del salón donde se arrimaban reyes y bestias, falsas estrellas de nieve y auténticas flores secas, hábitats imposibles de corteza y pozos mecánicos extrayendo nada. La conciencia de bombillitas remuerden los lazos que doraban los mismos plásticos de fin de año y es entonces, de un instante para otro, cuando hay que decidirse a guardar la infancia con todos sus accesorios para acceder a la boca del metro vestidos con los mismos lobos de siempreoscuro.
Ánimo, que lo vamos a necesitar.